Bomarzo, “Un laberinto poético”

A apenas a 112 kilómetros de Roma, el Parco dei Mostri (Parque de los Monstruos) construido a mitad del siglo XVI permaneció oculto por la vegetación hasta que un hallazgo casual en plena Segunda Guerra Mundial lo abrió a los ojos de miles de admiradores; por ejemplo, a los del escritor argentino Manuel Mujica Láinez (1910-1984), que en 1962 publicó la novela Bomarzo y en 1967 dio forma, junto a su compatriota Alberto Ginastera, a la ópera homónima, prohibida por el gobierno de facto argentino de entonces; y también a los del diseñador Ronald Shakespear, columnista de América Late, que en esta nota transmite, con sus palabras y con sus fotos, lo que sintió en cada una de sus visitas a lo que él llama “un laberinto poético”.

Elefante de Aníbal devorando un legionario romano

Único en su género en el mundo, el Parco dei Mostri está en Viterbo, Lazio, Italia, a sólo 112 kilómetros de Roma. Definido también como el Sacro Bosco, fue construido por el arquitecto renacentista Pirro Ligorio por encargo del príncipe Pier Francesco Orsini (circa 1552) en memoria de su amada esposa fallecida, Giulia Farnese. El lugar es apasionante y dramático y allí se inspiró Mujica Láinez para su novelaBomarzo, de donde luego surgió la ópera homónima con música de Alberto Ginastera, prohibida en 1967 por el dictador Juan Carlos Onganía. Restaurado en 1954 por su actual propietario, Bettini Giovanni, elParco ha recuperado su esplendor y surge mágicamente como un homenaje a la naturaleza artística de su creador.

He regresado varias veces a sacar fotos de los monstruos de piedra, que fuera visitado a lo largo de los tiempos por ilustres como Salvador Dalí, Luchino Visconti y Federico Fellini, entre muchos otros. Construido con imágenes fantásticas e ideas sobre la vida y la muerte, el parque revive a Dante, Petrarca y Ariosto. Una placa advierte al visitante:

CHI CON CIGLIA INARCATE / ET LABBRA STRETTE / NON VA PER QUESTO LOCO / MANCO AMMIRA / LE FAMOSE DEL MONDO / MOLI SETTE
(Aquel que no visita este lugar con ceño fruncido y labios apretados no podrá admirar las siete maravillas del mundo).

La Tortuga Gigante

Preguntando se llega a Roma

Elena, mi esposa, es italiana. Ella fue la primera que me habló de Bomarzo hace cuarenta años. Nunca podré agradecerle lo suficiente por haberme llevado allí, a unos 112 kilómetros de Roma. Bomarzo es una modesta villa que fue coto de caza de los cardenales del Renacimiento.

Durante años pensé que las caravanas humanas que se aglutinan frente a las piedras sagradas, por aquí y por allá, eran un horror banal y prosaico. Luego ?tardíamente? la gente sencilla me hizo descubrir el valor de esas piedras y fundamentalmente la percepción empática que el público tiene con ellas.

La peregrinación humana es interminable y, muchas veces, conmovedora. La Meca, el Muro de los Lamentos, el Maracaná, el Morumbí, la Fontana di Trevi, el Coliseo Romano, Disneylandia, el Santuario de Rodrigo, Luján, la Gran Muralla China, la Bombonera, en fin…

El Coliseo Romano es fantástico, allí también se pelearon guerras de galeras después de inundar la arena. Una cisterna ejemplar hecha en el siglo l. Un profético avance de imageneering (ingeniería de la simulación), precursora de Rem Koolhass y Ray Bradbury.

Finalmente, la gente va donde va la gente.

La Tortuga Gigante

El segundo re-nacimiento

Parece ser, según cuenta una tradición oral ?no comprobada? que el mundo actual desconocía la existencia del Parco dei Mostri hasta la Segunda Guerra. Fue entonces ?se dice? cuando un destacamento estadounidense acampó en Viterbo y un soldado con diarrea fue a hacer sus necesidades al amanecer. De pronto se vio rodeado de los monumentos de piedra y huyó espantado. Lo demás es historia.

Algo similar sucedió hace cien años con el descubrimiento de Machu Picchu por Hiram Bingham. O, más recientemente, con el Terracotta Army (El Ejército de Terracota), descubierto en 1974 en China, cerca de Xi’an y construido en homenaje al Emperador Qin Shi Huang. Se trata
de más de 7. 000 esculturas de soldados de terracota en escala real, caballos y carros de guerra hechos con arcilla y tierra.

Como puede verse, la casualidad suele ser la socia de los grandes descubrimientos.

La Tortuga Gigante

Fotos, fotos, fotos

En 1962, impactado por el aspecto y por la historia del Parco, el escritor argentino Manuel Mujica Láinez escribió una novela a la que bautizó Bomarzo. Cinco años más tarde, él y el músico Alberto Ginastera (1916-1983) compusieron una ópera del mismo nombre, que el gobierno del entonces presidente militar Juan Carlos Onganía prohibió y que terminó siendo estrenada en Washington, Estados Unidos.

En los años 60 hice algunas docenas de retratos para mi libro Caras y Caritas, que editó Jorge Alvarez. Además de Borges, Orson Welles, el Mono Villegas, entre otros, pasé una buena tarde con Mujica Láinez y Jorge Romero Brest en el entonces Instituto Di Tella. Hice un retrato de ambos y hablamos de Bomarzo, naturalmente; eso encendió el fuego de la curiosidad.

En mi caso personal, mis tres visitas a Bomarzo me demandaron largas horas de deleite. Cada foto lleva su tiempo y algunas de las esculturas tienen cercos perimetrales y se encuentran en un terreno cuasi salvaje, como el caso de la Tortuga, emplazada en el fondo de una hondonada. Generalmente el fotógrafo es un bicho raro: yo soy de aquellos que repiten la toma hasta el cansancio.

Hércules

Un laberinto poético

Bomarzo es un laberinto poético. Mi vida ha estado dedicada a los itinerarios urbanos, y hacerlos legibles implica descifrar sus códigos. Esto me ha llevado a mi oficio terrestre, la señalización de los grandes espacios como el Subte, Temaikén, la ciudad de Buenos Aires, etcétera (www.shakespearweb.com).

Leer el espacio al modo que lo hicieron Leonardo, Miguel Ángel o Brunelleschi exige un talento divino. A los demás mortales nos requiere un ejercicio ciclópeo. Nada en el Parco es racional, y en este descalabro de sorpresas el visitante debe descubrir cada evento plástico por sí solo. Aprender la totalidad, su dimensión, es casi imposible.

La Tartaruga Gigante, la Boca del Infierno, Hércules y el Elefante de Aníbal devorando un legionario romano son de una belleza indescriptible. Son mis preferidos.

Dice Mujica: “El famoso elefante blanco ?regalo de Manuel de Portugal al papa León X? que a su muerte, por orden del mismo Papa, fue pintado por Raffaello. Los elefantes no eran elementos extraños en la simbología en los siglos XV y XVI: basta nombrar el elefante negro de obsidiana que Poliphilo (el héroe de la obra de Francesco Colonna) encuentra y que posee una estatua femenina y una masculina, donde los principios antagónicos están representados. Este elefante fue, presumiblemente, inspirado por una moneda de la época, y aparece también en la obra de Bernini en la Iglesia Santa María Minerva en Roma”.

El deslumbramiento que Bomarzo ha ejercido en el mundo del arte puede verse en el óleo de Manfredo Manfredi Alla maniera di Bomarzo, los dibujos surrealistas de Norberto Villarreal, los retratos de Pier Luigi Farnese y Maerbale Orsini o las maravillosas fotos de Enzo Regazzini para el histórico almanaque de Olivetti.

En la lujosa publicación FMR No. 12, editada por Franco María Ricci en 1983, puede verse una extraordinaria nota de quince páginas sobre Bomarzo con artículos de Elémire Zolla, Manfredi Nicoletti y Manuel Mujica Láinez con fotografías de Massimo Listri. Una joya, sin duda.

La Boca del Infierno.

Todos los caminos te conducen allí

El parque ?contra lo que se cree? tiene dimensiones relativamente chicas y recorrerlo demanda tanto tiempo como la curiosidad del visitante exija. No he dejado de asombrarme cada vez que fui. El menú de Bomarzo despierta ?como pocos? el libre albedrío.

En uno de sus obeliscos se lee una inscripción absolutamente apropiada: Sol per sfogare il Core (algo así como “Sólo para liberar el corazón”). La libertad es hermosa, pero también entraña peligros. Los senderos bifurcantes de Bomarzo se multiplican y muchas veces se debe volver a
empezar. Por otro lado, ¿quién quiere el orden a ultranza de los racionalistas?

Como dice Oscar Wilde, “ordenar una biblioteca es imposible para alguien que sepa leer”. Perderse suele ser encantador. O trágico. Como Alicia en el país de las maravillas. Lewis Carrol sugiere: “Si no sabes adónde vas, todos los caminos te conducen allí”.

http://blog.segd.org/2010/02/shakespears-poetic-labyrinth/

http://blog.guiasenior.com/archives/2010/02/viajes-bomarzo-un-laberinto-poetico.html

.