Shakespear: músculo y cabeza

Revista Barzón 26 – Diciembre 2012

Por Felisa Pinto
Foto: Facundo Zuviría

Conocí a Ronald Shakespear ( sin e), hace medio siglo, gracias a Carlos y Lala Mendez Mosquera, quienes venían de fundar Cicero Publicidad, en un piso de la torre de Florida y Paraguay. En ese ámbito sagrado del diseño y la gráfica excelsa, apareció Ronald vestido de conscripto, con borceguíes y birrete, a sus 18 años, signado por ideas libertarias, lecturas de Walt Whitman y carácter apasionado por contribuir a atemperar, algún día, la polución visual de los argentinos.

Venía de Rosario, donde nació, descendiente de su bisabuelo Talbot, llegado a la Argentina en l866, e instalado como jefe de estación del ferrocarril rosarino.

El día del encuentro en Cicero, Ronald ya cargaba su primera cámara, una Zeiss Icon con fuelle que a sus 17 años, le regaló su padre Lorenzo, dueño de una gran sensibilidad visual. Ni siquiera sospechaba entonces que al fundar su estudio hace 52 años, se convertiría en una mega estrella de la gráfica, que hoy dirige junto a su hijo Juan.

Luego de transitar la vida académica como profesor titular de la Cátedra de Diseño de la FADU, presidente de la ADG, años después. Viajes, homenajes y premios incontables globales y locales, refirieron a más de 1600 proyectos de diseños. 200 de ellos públicos y urbanos. Visiblemente apreciados desde 1971 cuando realiza la colosal señalización de la Ciudad de Buenos Aires. Instalando los trazos de su herramientas tipográficas favoritas. “Bodoni y Helvética, permanentes en mi cabeza y mi corazón” define Ronald.. A la vez que lamenta la actual desaparición del espacio urbano de aquella mano de chapa pintada de amarillo, que señalaba la parada de taxis.

“Siempre obedecí a la definición del diccionario de Oxford: DISEÑO=PLAN MENTAL, en todo lo que hago. A pesar de no tener ni un solo título, cuando me piden el currículum, preferiría que pongan: ESTÄ VIVO.

Creo que un diseño no se califica tanto por su estética, sino por el resultado. Belleza, en cambio, son los goles de Messí, o que Newells salga campeón” se entusiasma Ronald al definir su intacta pasión futbolera de hincha rosarino y su sensibilidad a la comunicación visual espontánea y la sabiduría popular. “Una vez, pasé por una canchita de barrio, casi un potrero. Me emocionó un letrero escrito a la entrada sobre un latón desprolijo. Decía, simplemente, MÜSCULO Y CABEZA. Proclamaba una filosofía de vida y acción que me guía siempre. Al menos es lo que intento”.

REVISITANDO LOS 60

La primavera pasada, la estética shakesperiana fue exhibida en el Espacio-Arte de Aeropuertos 2000, una muestra de sus fotografías, que bautizaron “Revisitando los Sesenta” y la presentación de un libro con el mismo título, que reúne entre otras, algunas de sus fotos que habían sido publicadas en l966 por la Editorial Jorge Alvarez, bajo el título “Caras y Caritas” por Pirí Lugones, editora y gran amiga de Shakespear, sagaz observadora de que el pequeño ejemplar contenía retratos de diverso calibre de fama y disparidad de personajes, vigentes en los años 60, básicamente en el entorno más cercano a Ronald.

El ejemplar tenía tapas blandas diseñadas por Rubén Fontana y fotos reveladas con el know how de Elena Peyron como laboratorista de rollos de 35 mm. Tomadas con su Leica F3, de lente retráctil, “como la del gran Capa, subraya Ronald”. Allí se mezclaban arbitrariamente las imágenes memorables de un Borges, ya casi ciego, señalando un mapamundi en la Biblioteca Nacional de entonces, en contraste con un Frondizi solemne en un sofá igualmente solemne, con arabescos de terciopelo. Opuesto a Atahualpa Yupanqui, reflexivo, como era su natural.

La vedette del libro, es la fotografía de un inédito Orson Welles, ( ídolo del autor durante toda la vida) y refleja la presencia insoslayable de Orson en la Plaza de Toros de Madrid, en 1964,

Las imágenes de otros ídolos, esta vez criollos, reflejan a un sonriente Bonavena, con su madre sacrosanta, o a Ireneo Leguisamo con su traje de jockey.

Dentro de la selección pop está Leonardo Favio y Palito Ortega, íconos del éxito, en aquella época. En contraste, los músicos Rubén Barbieri, concentrado, tocando su trompeta y Enrique ”Mono” Villegas en el piano, en una memorable toma movida, por el swing y la extroversión.

Sus amigos más cercanos en esa década, el escritor Rodolfo Walsh y el pintor Rómulo Macció reflejan su gran personalidad en las imágenes de Shakespear.

Es el pintor quien bromea en el prólogo de la primera edición de Caras y Caritas, y en la versión aumentada “Revisitando los Sesenta”. Dice: “Ronald es un gran mentiroso, ninguna de esas caras y caritas existen realmente. Son solo parte de su imaginación y de nuestro afán mitológico, de su talento y de usar cerveza como revelador”.

A las de aquella época, se agregan otras nuevas elegidas para “Revisitando los Sesenta”, donde Lorenzo Shakespear, con vigor místico, diseñó la primera versión de este libro y digitalizó las fotos en alta resolución. Gabriela Salem, en base al diseño de Lorenzo hizo la versión final con menos fotos. La exposición y el libro se deben al empeño de Jorge Lukowski y Alejandra Aguilar para Aeropuertos 2000. Los prólogos del ejemplar hablan con el entusiasmo de Jorge Frascara, Leslie Wolke y Sandra Wheeler. El autor subraya que en todos los casos usó la Leica F3 que usaron los reporteros de la Segunda Guerra. A esa la siguió una Hasselblad y luego algunas digitales, tan eficaces. “Todas ellas para recordarme que en realidad no soy un fotógrafo. Apenas un ladrón de recuerdos. Nunca pensé que esos retratos tenían mucho valor. Son para mí, documentos de momentos memorables”.

ALMUERZO BAJO LOS TILOS

Los recuerdos se suceden y a veces se agolpan con entusiasmo en el jardín de su casa, en San Isidro, donde Elena ha cocinado una excelente pata de cordero, su plato de resistance.

Es ella quien recuerda que el terreno adonde construyeron su casa, comprada a un antiguo vivero de la zona, en 1975.

La primera etapa de la casa fue construída con placas de cemento prefabricadas por el arquitecto Kokourek. La arquitectura interior estuvo a cargo de Ernesto Katzsenstein. Y la última etapa, la resolvió Gustavo Loiseau, cuando empezaron a nacer los chicos.

El resultado es una vivienda cálida y organizada mentalmente, y físicamente. Un corredor con los dormitorios, un salón con aires ligeramente fifities, la presencia del Chesterfield y las bibliotecas, interrumpidas solamente por presencias gráficas de afiches memorables y consagrados de Ronald, como el poster con retrato que le hizo a Alfredo Alcón, para una obra dirigida por David Stivel, con el primer actor en el rol de Hamlet, un buen testimonio gráfico de Ronald y del director de la buena televisión que solía verse, en los 60, antes de las catastróficas propuestas actuales.

Debajo del tilo, ahora Ronald describe su vida:” A mis setenta y un años, junto a Elena Peyron, pintora exquisita, enfoco a mis siete nietos. Me levanto a las 4 de la mañana. Oigo a Mozart, Leo a Walsh. Amo, miro y leo a Bresson, Avedon y Lartigue..Nunca reposo.

Ya diseñé mi lápida. Sin mi nombre, dice, sencillamente YA ESTÄ, en la bella tipografía de los frontispicios de Augusto”.

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